
Cuando yo era niña, no recuerdo si de 9 o 10 años, tenía unas raquetas de tenis de madera que me regaló mi primo.
Como no tenía en dónde ni con quién pelotear, tradicionalmente lo hacía en una de las paredes del patio de mi casa.
Era la época de Martina Navratilova, Chris Evert y Steffi Graf, entre muchas otras campeonas que empecé a seguir y de las que luego conocí sus historias.
La pasión por este deporte siempre ha estado conmigo aunque hasta hace unos 13 años empecé a practicarlo.
Es por eso que recuerdo con sorpresa el arribo de estas dos hermanas y la sacudida que dieron a este deporte tan apasionante, pero también elitista y poco accesible a la mayoría.
Además de su talento fuera de serie y su trabajo duro en las canchas, Serena y Venus Williams rompieron estereotipos de clase y de racismo.
En un deporte donde predominan jugadoras rubias, de largas piernas y cuerpos delgados, dos jugadoras completamente diferentes al estándar tomaron las canchas: negras, atléticas y seguras de sí mismas.
Ahora que Serena anuncia su retiro para el US Open 2022 y ha empezado su despedida en Toronto ante un público conocedor de su legado, pienso en la presencia disruptiva de esa chica que a los 17-18 años empezó a revolucionar el estilo de juego de la rama femenil al imprimir potencia en sus partidos con saques de hasta 200 kilómetros por hora y devoluciones incontestables.
Esa mujer apasionada y temperamental que todavía grita en que cada punto y que sorprende con atuendos atrevidos y exuberantes para un deporte todavía con códigos de vestimenta conservadores.
Esa Serena que nunca se quedó callada y peleó y se puso al tú por tú con jueces de silla y de línea, y que obligó a discutir -y mucho-, sobre machismo, feminismo, clasismo y body shaming dentro y fuera de las canchas.
Pienso también en las niñas a las que inspiró al mostrarles el “coraje Serena” para no temer ser ellas mismas en un mundo que sistémicamente las invisibiliza.
Y hoy que se retira tras ser la mejor jugadora de la historia del tenis, donde lo ha ganado todo, vuelve a sorprender porque habla de evolucionar en una emotiva carta publicada en Vogue.
Me emociona que utilice esa palabra porque es congruente con su trayectoria: la de una mujer en continua transformación que no teme dejar un universo para habitar otros que considera más importantes en estos momentos de su vida, como hacer crecer su familia, dedicarse más a la moda, su otra pasión, y concentrarse en sus negocios.
Y eso es poder femenino.
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