El bosque

Foto: Greenpeace México

El mar se está tragando las casas de El Bosque.

Leí el reportaje en el periódico El País, aunque la historia del pueblo pesquero de Tabasco no me era ajena pues ya Gabriela Warkentin le había dado seguimiento por varios días en su noticiero Así las Cosas y otros medios le han dado cobertura informativa.

Varias escenas me vinieron a la cabeza con esta historia en la que se habla de este primer pueblo mexicano desplazado por el cambio climático.

Primero pensé en la catástrofe que enfrentan estos pescadores que serán migrantes climáticos. El mar los saca de sus casas. No tienen cama, no tienen refrigerador. No tienen hogar. Tendrán que dejar lo que construyeron. Pescadores desplazados de su territorio. Lo que los alimentaba ahora los expulsa. Son los primeros y muy seguramente seguirán más en otros pueblos de México y el mundo.

Me fui siglos atrás a las grandes civilizaciones del pasado, como la maya, que experimentaron también los vaivenes del clima. Grandes ciudades que se tragó la selva luego de otro megadesastre relacionado también con el agua, o más bien dicho, con su ausencia: la sequía. 

La sequía que acabó con los sistemas de riego y los cultivos y causó el abandono de esas gloriosas metrópolis. La naturaleza expulsando. La necesidad de huir y buscar otros territorios. 

Si bien esto no es nuevo y durante el curso de la historia millones de personas se han visto en la necesidad de desplazarse por guerras y hambre, parece que el cambio climático hará que estas migraciones forzadas se vuelvan cada vez más comunes.

Hoy vivimos en ciudades que enfrentan severas sequías y en las que un día sí y otro también el aire que respiramos se vuelve un peligro. Los polos se deshielan. Estamos viviendo lo que antes sólo conocíamos en la historia.

No puedo evitar pensar en esas ciudades distópicas que tanto nos describen la literatura y el cine. En las que los humanos que no han muerto tras guerras apocalípticas viven entre túneles porque ya no hay oxígeno para respirar. En las que encontrar una lata de comida es un milagro y en las que la única oportunidad está en el sur porque ahí sí hay esperanza de algo. 

Parece que ya estamos en ese momento en que todo lo sólido se está desvaneciendo, ya cruzamos la línea, y este pueblo paradójico llamado El Bosque es una alarma encendida de que el futuro ya nos alcanzó.


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