La báscula de la Bodega Aurrerá

-¿Cómo por qué hay una báscula en la sección de frutas de la Bodega Aurrerá?

-Pues para pesar las frutas.

-Sí, pero ¿cómo que qué sentido tiene pesarlas? Nomás tomas lo que te vas a llevar y ya, de todos modos te lo pesan y cobran en la caja.

-Bueno, es que piensa que si tu mamá te pide un kilo de tomate, ¿cómo vas a saber que llevas el kilo de tomate si no lo pesas? Y tu mamá no te va a perdonar ir sin el kilo de tomate, o el medio kilo, según lo que te haya pedido. No va a querer ni más ni menos.

-Y, ¿es siempre tu mamá la que te lo pide, no puede ser tu abuela o tu tía?

-¡No! Siempre es tu mamá la que te pide el kilo de tomate o que vayas a comprar un litro de leche y el medio kilo de carne de res. Siempre es tu mamá la que te da instrucciones muy precisas. Y luego te va como en feria si no le llevas exactamente lo que dijo que quería.

“Le vas a pedir al señor Pedro medio kilo de pulpa negra molida, un trozo de chuleta de puerco, pero no la que tiene al frente, dile que doña María quiere que le mande la que tiene allá atrás sin grasa, y te traes también un kilo de res en trozo. ¡Que no se te vaya a olvidar nada y con esto debes alcanzar!”.

Y te da el dinero y te manda todo perdido y vulnerable a la calle, vas tonteando, sudoroso porque tienes calor, no has hecho la tarea que te encargó la maestra, te mueres por una coca, y al llegar con el carnicero…

¿Qué me dijo?, ¿cuánto era del kilo de res en trozo? Y te empiezan a sudar las manos y no sabes qué será peor, si rifártela y llevarte lo que tú crees que es o regresarte las ocho cuadras y volver a preguntarle a tu mamá que qué quería. No, mejor te la rifas y empiezas a confiar en eso que ser llama intuición y a pensar en que la esperanza existe si el señor Pedro se acuerda de lo que siempre pide tu mamá.

Y ahora que estás grande y que fuiste a la Bodega Aurrerá a comprar unos plátanos, y que viste la báscula, y que tuviste esa conversación tan extraña, te acordaste de las idas a la carnicería, a la tienda por el litro de leche Las Puentes (pero no La Perla, esa no le gustaba a tu mamá) y al mercado de los sábados por el huevo o por el tomate maduro, pero no aguado, y mientras regresas a tu departamento caminando te das cuenta de que traes una sonrisa de oreja a oreja gracias a la báscula de la Bodega Aurrerá.


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