El poder del cine

Por Daniel Banda

Jueves 29 de febrero de 2024, un día extraño que solo ocurre cada cuatro años. La Plaza Mitikah, en Coyoacán, fue el escenario del encuentro con mi novio y con la promesa de una noche cinematográfica única: la película “All of Us Strangers”. 

Mientras el sol se ocultaba en el horizonte y las luces de la plaza cobraban vida, Claudio y yo nos reunimos para sumergirnos en esta promesa con una atmósfera perfecta de olor a palomitas recién preparadas, café y dulces. Nos adentramos en la oscuridad de la sala, donde la pantalla brilla y transporta a un mundo desconocido.

Con apenas 15 personas dispersas por la sala, una luz tenue que acariciaba los rostros y murmullos por aquí y por allá, la pantalla se convirtió en un lienzo donde los destinos entrelazados de Adam y Harry se desplegaron.

“All of us Strangers”, de Andrew Haigh ( Reino Unido-Estados Unidos/2023), nos sumerge en una atmósfera íntima y evocadora bajo el brillo de un Londres contemporáneo, en una torre de departamentos casi vacíos. En este escenario, la vida monótona de Adam (Andrew Scott) se ve interrumpida por un encuentro fortuito con Henry (Paul Mescal), un enigmático vecino que parece emerger de las sombras de la noche. 

A medida que su relación florece, Adam navega hacia las profundidades de su pasado, a la ciudad donde creció, al hogar de su infancia, donde sus padres parecen estar suspendidos en el tiempo como estrellas fugaces. En esta danza entre el pasado y el presente, Adam se enfrenta con sus propias inseguridades y deseos más profundos. 

En la penumbra de la sala y con el silencio expectante, donde apenas unas pocas almas errantes compartimos el viaje, las escenas de intimidad entre Adam y Harry se hicieron presentes, y la atmósfera en la sala cambió sutilmente… algunos espectadores se removían inquietos de sus asientos, mientras que otros observábamos con fascinación el delicado equilibrio entre la pasión y la vulnerabilidad.

Dos mujeres decidieron abandonar la sala, incapaces de soportar la intensidad de las escenas eróticas entre Adam y Harry. Su gesto provocó susurros entre los presentes, dejando un eco de incomodidad en el aire, pero los que permanecimos nos sumergimos más en la historia, dispuestos a dejarnos llevar por la corriente de emociones que fluía desde la pantalla. 

Una escena particular, donde Adam hablaba con su madre (Claire Foy) sobre la búsqueda de la felicidad a pesar de sus heridas internas, me abrumó por completo. Sus palabras resonaron recordándome que incluso en medio del dolor, la alegría y la esperanza pueden encontrar su lugar en nuestras vidas. 

Después de la proyección de “All of us Strangers”, el telón de la realidad se alzó para revelar un encuentro con dos almas afines en el vestíbulo del cine. Las miradas de una pareja brillaban con la misma chispa de emoción y reflexión que había encendido en nosotros la película. Compartimos una conexión instantánea, intercambiamos nuestro entusiasmo desentrañando los hilos de la trama y explorando nuestras impresiones  sobre la película. 

“La película resonó en lo más profundo de mi corazón, tocó fibras sensibles y desató una tormenta de emociones cuando Adam habla sobre su orientación con su padre, ya que no tuve esa oportunidad”, me comenta Carlos.  

Arturo me dice: “la salida de las chicas de la sala me deja un eco de la realidad que se refleja en las luchas de los derechos y los prejuicios que aún persisten en nuestra sociedad”.

Después de estas reflexiones sobre el poder del cine para desafiar las normas y abrir conversaciones sobre la diversidad e inclusión, nos despedimos con la promesa de volvernos a encontrar, conscientes de que nuestras almas se habían cruzado. 

 El autor es estudiante de la materia de Periodismo narrativo y de investigación en la UACM.