La marea morada se abre paso entre las jacarandas

Por Mayve Joselyn Martínez Peralta


Las jacarandas una vez más vuelven a florecer en los árboles de la Ciudad de
México, la marea morada se acerca. Esta mañana será diferente, el sol, un acompañante más en esta marcha en la que alzarán la voz por aquellas que han silenciado y las que faltan por encontrar. 
¡Señor, señora, no sean indiferentes, se mata a las mujeres en la cara de la gente!
Es una de las tantas consignas que empiezan a retumbar en las paredes de esta Ciudad. Cuando empiezas a escucharlas, la piel se te eriza, te das cuenta de que no solo es una mujer la que ha vivido violencia en su vida, son miles. 
Entre carteles, música, gritos y humo se empiezan a cubrir las principales avenidas del Centro Histórico. ¡Esas morras si me representan!, se exclama entre la multitud de mujeres unidas. Madres protestando porque les fueron arrebatadas sus hijas de sus manos, cansadas de escuchar lo mismo por parte de las autoridades incompetentes: “no se preocupe, estamos investigando”, “venga mañana para ver si hay información”, y así a las familias de las víctimas de feminicidio viven con incertidumbre, sin respuesta, sin certeza de no saber si se le
hará justicia a su hija.  

Contingente UACM en la marcha del 8 de marzo de 2024. Fotos: Mayve Joselyn Martínez Peralta

Uno de los carteles refleja el sentimiento de impotencia con la siguiente frase:
“Luchando para que ninguna mujer viva lo que yo viví, ¡YO TE CREO!”.

En las calles, la marea morada empieza a correr para llegar a su destino, la Plaza de la Constitución.
Los contingentes son encabezados por las morras del bloque negro, quienes
acuerpan a las feministas en la marcha. Su tarea implica el contacto directo con el gas lacrimógeno y sufren el riesgo de ser levantadas por el activismo que realizan durante la marcha.  

“Ver que muchas mujeres se unen para buscar libertad es muy bonito, al principio sentí miedo y después feo del cómo los hombres nos veían, es un sentimiento bonito que un mismo género luche por un derecho que deberíamos tener”, dice Brenda, asistente a la marcha.  

Así como Brenda, miles de asistentes se unen a este movimiento feminista, para alzar la voz por aquellas que se les fueron arrebatadas por la violencia que se vive en el país. 
«¡Las niñas no se tocan!». Esta consigna me eriza la piel, las futuras generaciones sabrán que nadie puede abusar de su inocencia y que no estarán solas. Me pega en el corazón. Siempre podrán gritar cuando quieran silenciar su voz.  

“Cada año lo veo como un despertar, es un mar de muchísimas emociones, en su mayoría triste por tantas víctimas, pero también es un día de mucha sororidad, como que sientes que todas somos una, apoyada, respaldada y abrazada”, menciona Diana.
Para Karla es un día con muchas emociones encontradas, desde tristeza hasta felicidad: “Sinceramente, me dolió mucho ver a mujeres en una marcha luchando
por una libertad que está establecida en la Constitución, leer sus carteles me hizo ver la realidad en la que estamos y el camino que estamos trazando, quería abrazar a todas y decirles que no están solas”. 
¡No que no, ya volvimos a salir, y al que no le guste, se jode, se jode! Las feministas hacen que las calles por un día en el año las respeten, casi no se nota la presencia de los hombres. Y si se logran distinguir, van con el contingente que es mixto, donde son papás, hermanos, amigos de víctimas de feminicidio o simplemente van a un lado de ellas para protegerlas si hay algún peligro.  

“Me gustaron las consignas, como todas iban gritando, obvio existía el miedo de que te fueran atacar, pero el hecho de que todas fuéramos mujeres te sentías segura, te dabas cuenta de muchas cosas de las muchachas que lloran o luchan por una mamá, una amiga, una hermana que desapareció, al gritar es una forma de desahogarse y estar unidas en un solo movimiento te ayuda a desestresarte y te hace sentir bien contigo misma”. 
Arely en sus expresiones faciales se veía que se sentía segura al estar con las mujeres, en pocas palabras estaba segura entre las morras de su alrededor.
Y así, una vez más, la marea violeta llega a su destino, el Zócalo capitalino, donde diversos contingentes se reúnen para concluir esta marcha feminista.

Los carteles se empiezan a dejar en el suelo para que las asistentes lean cada una de las palabras que llevan el sentir de muchas feministas.

De nuevo hay que recalcar que entre mujeres podemos cambiar o poner un granito de arena para las futuras generaciones. Niñas, adolescentes, jóvenes, madres y abuelas, esta es la voz que se te arrebató ¡NI UNA MÁS!

La autora es estudiante de la materia de Periodismo narrativo y de investigación en la UACM.

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