Un ritmo que les cambia la vida

Por Perla Ytandewy Mercado

Todos los días de la semana, a las 8:10 de la mañana, en el parque del Obrero, ubicado sobre avenida del Taller en la Alcaldía Venustiano Carranza, debajo de lo que parece una enorme sombrilla, comienza la clase de “Exercise with Dance”.
Es una clase de zumba que mezcla baile y ejercicio que surgió en el 2020 durante la pandemia del Covid 19.
“Nació con el objetivo distraer y motivar a mujeres y hombres a salir de la rutina del encierro”, señala Gaby, la instructora.
“¿Cómo están chicas?”, Pregunta ella y exclama: “¡Vamos a comenzar!”.
Resuenan de su pequeña bocina negra los versos suaves de la canción de Fey “Azúcar amargo” para calentar el cuerpo.
Enfrente de ella se colocan 16 mujeres de diferentes edades que están vestidas con ropa cómoda.
La instructora Gaby Vázquez García, tiene 27 años, es hermosa, ágil, con gran resistencia corporal, impecable en su aspecto, sonriente y llena de energía. Lleva, al igual que dos de sus alumnas, en su marcada cintura, un pareo negro con metales dorados que simulan monedas y que a cada movimiento tintinean unas con otras.
Ofrece “bastones” o palos de escoba para realizar la primera parte de la clase.
Con voz amable, pero firme, va indicándoles qué hacer con su cadera, sus brazos, sus piernas y cuando los ritmos mezclados de la música llegan al clímax, ya están utilizando todo su cuerpo de aquí para allá, de atrás para adelante, de arriba abajo. Dan vueltas, saltan, hacen sentadillas, pareciera una coreografía bien estudiada…

Foto: Perla Ytandewy Mercado

De repente, empieza a resonar la bomba, un género folclórico característico de la costa negra: Es la canción “El negrito de la salsa”, de Edgar Gonzalón, con la que se anima aún más el ambiente.


Venir a la clase hace que desaparezca el estrés, te activa, te previene de muchas enfermedades, te da energía, ¡te cambia la vida!”, comenta Carmen, de 62 años.


“Sí, te cambia la energía, la actitud, yo venía con un dolor a lado de la columna y de rodilla desde el sábado, domingo, lunes, martes y dije no voy a aguantar, pero conforme fue avanzando la clase me sentí mejor”, comenta Hanny, de 35 años.


“Te cura la depresión y muchas enfermedades, toda mi vida he practicado zumba, estoy operada del corazón y estoy muy bien”, señala Aurorita, de 78 años.

El piso liso, como de cancha de basquetbol, ayuda a que sus movimientos sean más precisos y que ninguna de sus fibras musculares se queden sin vibrar, con las frecuencias sexis del merengue.
Después de mucho ritmo, sabor, coordinación y concentración, el sudor es evidente, sus mejillas están cada vez más rosadas y en sus playeras se ha formado una especie de collar de agua salada.
Aun así, nadie sucumbe al cansancio, al contario surgen animosas risas y comentarios entre ellas de lo rápido que se ha pasado el tiempo disfrutando y que es seguro que regresaran a las 8:00 pm. a la clase de la noche.
Gaby las manda a hidratarse y a respirar profundo mientras pone una canción de Timbiriche que al final no puede reproducir, lo que causa risas y chistes entre ellas.
Se vuelven a colocar en sus acostumbradas posiciones y los compases de la música que escogió, ahora ya son más sutiles, por lo que sus respiraciones poco a poco se van desacelerando.
Vuelve a sonar “Azúcar amargo” con la que Gaby en tono apacible, da indicaciones de como estirar los músculos, para que cada uno de ellos vuelvan a su estado normal y así estén listas y fortalecidas para iniciar su día.
Se ven impacientes por regresar a la próxima clase en este parque lleno de verdes prados de la Lorenzo Boturini y retomar una vez más la decisión de cuidarse y gozar de la vida con “Exercise with Dance”.

La autora es estudiante de la materia de Periodismo narrativo y de investigación en la UACM Campus Centro Histórico.