Captura de pantalla de noticia de Periódico Reforma sobre Pemex con el titular "No fui informado".

La evasión ética: El ‘no fui informado’ de Pemex

Por Claudia Guerra

Resulta profundamente vergonzoso el argumento con el que el director de Pemex, Víctor Rodríguez, despacha una crisis ambiental de magnitud internacional. Al afirmar que «no fue informado» sobre el vertido de crudo en el Golfo de México, intenta utilizar el desconocimiento como un escudo, cuando en realidad es su mayor confesión de fracaso e incompetencia.

Me resulta también sorprendente la soberbia de expresiones como «analizó personalmente», “no le fue reportada”, que solo agravan la herida y refuerzan este estereotipo de los directores al vapor que solo esperan en el escritorio los informes para firmarlos sin involucrarse en la organización. En su nivel de mando, el deber no es solo «recibir» información, sino garantizar que los canales de información funcionen. 

El mito de la ignorancia liberadora

En la administración pública contemporánea mexicana, parece haberse perdido la vergüenza de asumir la responsabilidad. El argumento de «no haber sido enterado» denota dos realidades que me resultan escandalosas:

  1. Cero control operativo: Si la cabeza de la industria más importante del país no se entera de que miles de barriles contaminan el océano, significa que no tiene el control ni el conocimiento básico de lo que sucede en su propia casa.
  2. La evasión ética: Lo más grave es la soberbia de creer que la ignorancia lo exime. Se zafa de la responsabilidad atribuyéndola a subordinados, como si el desconocimiento fuese una cláusula que lo libera. 

Para entender lo absurdo de la postura, basta un ejemplo doméstico:

Es como si en un hogar, un hijo rompiera el drenaje del vecino y el padre se limitara a decir que, como nadie le avisó, el problema no es suyo sino del hijo, a quien supuestamente ya «regañó». Ni el papá ni la mamá son responsables. Es el hijo.

En una organización, el líder es responsable tanto de lo que hace como de lo que deja de supervisar. El cargo de director no existe solo para los éxitos y las fotos de protocolo, existe para responder por las crisis de inmediato.

Un director que no sabe lo que sucede en su equipo no es una víctima de la falta de comunicación; es, simplemente, un mal director.

La renuncia como único paso posible

Es inaudito que ante omisiones de esta magnitud, donde el daño ecológico es irreversible y la mentira institucional es evidente, no haya consecuencias políticas inmediatas. En cualquier democracia funcional, este nivel de desconexión entre el mando y la realidad exigiría una renuncia inmediata.

La responsabilidad no se excusa cuando las cosas salen mal; es el peso permanente del escritorio que se ocupa. Si no se puede con el peso, el único camino decente es retirarse.


Descubre más desde Claudia Guerra

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


Comentarios

Deja un comentario

Descubre más desde Claudia Guerra

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo